miércoles, 24 de febrero de 2010

HABLEMOS DE DROGAS… ¿QUÉ LES DIGO?

(foto: redi.um.es )

HABLEMOS DE DROGAS… ¿QUÉ LES DIGO?

MUCHOS PADRES SE SIENTEN DESORIENTADOS Y NO SABEN CÓMO HABLAR A SUS HIJOS DE LAS DROGAS. PARA AYUDAR LAS FAMILIAS Y EVITAR CONDUCTAS DE RIESGO, LA FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) HA ELABORADO UNA GUÍA CON CONSEJOS Y PAUTAS ADECUADAS A CADA EDAD.


La guía propone un conjunto de pautas sencillas para establecer la comunicación entre padres e hijos desde la cercanía, el respeto y el enriquecimiento mutuo. Está adaptada a cada edad y situación evolutiva de los hijos, Se divide en tres grandes apartados que corresponden a tres grandes grupo de edad: hasta los seis años, de los seis a los doce años y a partir de los doce.

Hasta los 6 años de edad.
A esas edades los niños no conocen ni se interesan por las drogas, por eso cuando se hable sobre el tema se debe hacer con naturalidad y sin alarmismo.
Los niños hacen lo que ven hacer, por eso los adultos deben ser coherentes delante de ellos. Hay que recordarles que las normas son necesarias, para llegar a ser un adolescente que respete las normas sociales.

¿Qué debes hacer?
-Usa el diálogo: Si sus padres no responden sus dudas, preguntará a otros.
-No dejes el problema a otros con frases como «ya te lo explicarán en el cole».

De los 6 a los 12 años de edad.
A esa edad son perfectamente conscientes de que las drogas existen y de que hay personas que las consumen.
Los medios de comunicación y el grupo de amigos comienzan a ejercer sobre los niños una influencia que compite con la familia a la hora de informarse sobre las drogas.
Es precisamente éste el momento de iniciar las acciones preventivas.

Una buena explicación y la más básica es que “la droga es toda sustancia cuyo consumo modifica las funciones de las personas: la percepción, las emociones, la conducta….” Y que “su abuso produce diversas consecuencias, entre ellas la dependencia”.
Es positivo conocer a los amigos de los hijos y fomentar actividades en el hogar. A esta edad no es probable que los hijos se nieguen; sino al contrario, agradecerán la posibilidad de «quedar» con sus amigos en casa.

¿Qué hacer?
-Confía. El hecho de que lo hijos hagan preguntas, no implica que estén involucrados en el consumo de drogas.
-No formules preguntas-trampa, juzgando o rebuscando en sus cajones buscando algo que «lo inculpe».
-Mantén la calma. Los niños son claramente sensibles a nuestros estados de ánimo y captan rápidamente lo que nos asusta. La consecuencia lógica es que traten de ocultar hasta las cuestiones más inocentes.

De los 12 a los 16 años de edad.
A partir de los doce años son conscientes de que las drogas existen y que mucha gente las consumen. Por lo general, sienten curiosidad y pueden fantasear con respecto a sus efectos.
El objetivo de los padres debe ser guiar a los hijos hacia una maduración responsable, de forma que vayan siendo progresivamente autoeficaces ante las drogas.

Si se cree que pueden consumir drogas, se debe afrontar la situación con prudencia y si se ve que el consumo es muy problemático, hay que buscar ayuda y tratamiento.
Las drogas no son ajenas a ningún hijo. Aunque ellos permanezcan al margen, en su entorno social el consumo de drogas es una realidad cotidiana. Por tanto, el diálogo sobre el tema es de suma importancia: nunca es tarde para iniciar un estilo de relación abierta, dialogante y receptiva.

REDES SOCIALES, ¿SON UN PELIGRO PARA LOS JÓVENES?

(foto: misausencias.blogspot.com )

REDES SOCIALES, ¿SON UN PELIGRO PARA LOS JÓVENES?, ¿SABEN LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES SUS LÍMITES Y SUS CONSECUENCIAS?

Nuestros hijos crecen manejando el ratón, pero esta apuesta por las nuevas tecnologías debe ir acompañada de una educación ética, para concienciarles de la necesidad de un uso responsable y de una advertencia sobre los riesgos a los que exponen su privacidad, intimidad y honor.

Uno de los servicios más utilizados son las redes sociales, como Tuenti, Fotolog, Facebook o MySpace, que permiten a los usuarios generar un perfil con sus datos y compartirlos con otras personas. Por norma general, las redes sociales no permiten su uso a menores de 14 años, pero las medidas que adoptan para limitar el acceso son ineficaces.

Al principio, los contactos están compuestos por personas con quienes se tiene una relación. Sin embargo, las redes sociales tienen pocas restricciones, por lo que acaba fomentándose el libre acceso y la ampliación de contactos. En algunas ocasiones, los perfiles pueden salir de la red social, incluidas fotos, que quedan publicados en Internet sin restricciones.

Las redes sociales favorecen que los niños se sientan “entre amigos” y en confianza, por lo que incorporan información sin reflexionar sobre sus consecuencias y sin tener conciencia de la cantidad de personas que pueden acceder a sus datos.
En ocasiones, los menores son obligados a ceder en exclusiva los derechos de reproducción, distribución y comunicación pública de las fotografías que publiquen o de otros contenidos que suministren a sus amigos a través de la red social.

Responsabilidad de los menores.
Las redes sociales no llevan a cabo el control absoluto de los contenidos. Por ello, los menores son los únicos responsables de la información, imágenes, opiniones o contenidos de cualquier tipo que comuniquen o exhiban a través de la red social.

Privacidad.
Estos límites han desaparecido y tanto Internet como las redes sociales posibilitan, no sólo el almacenamiento de todos los datos, sino también el acceso a ellos en apenas segundos, por distante que sea el lugar donde transcurrieron los hechos.
Los más diversos datos de los menores: infancia, vida académica, hábitos, relaciones personales e, incluso, condición sexual pueden ser obtenidos sin dificultad.

En un futuro no muy lejano, nuestros hijos podrán ser valorados, favorable o desfavorablemente, para cualquier actividad, pública o privada, como puede ser un empleo, según sus datos en internet. En este sentido, ha aumentado la práctica de empresas de consultar y buscar en Internet información sobre las personas que se presentan a un proceso de selección. Además, es muy probable que surjan otros usos no esperados de los perfiles de los usuarios de las redes sociales.

En conclusión, padres y educadores deberíamos reflexionar sobre los nuevos hábitos de nuestros hijos y los riesgos a los que están expuestos para proporcionarles la concienciación y educación necesaria para su uso.
Como padres o educadores, tenemos la responsabilidad de educar a los niños para que aprendan a vivir, relacionarse y desarrollarse en un entorno que va a formar parte de sus vidas, sin obsesionarlos con amenazas invisibles pero haciéndoles ver con quién deben y no relacionarse, qué datos pueden suministrar, qué cosas poner por escrito, los límites de la educación, la protección de la imagen, el entender lo que está bien y lo que está mal, la educación de toda la vida, adaptada a un nuevo entorno.